Primeros Pasos {segunda parte}
Confrontando la realidad
Este estado maravilloso, conocido con el nombre de nube rosa, de repente comienza a desvanecerse, en las juntas la terapia comienza a penetrar en esa dura caparazón de inconsciencia. Es un hecho real que comienzan a sentirse sensaciones de desasosiego, de inquietud, inclusive a nivel físico, al escuchar a los compañeros en la tribuna hacer su catarsis o franca y abiertamente dirigirse a uno en un afán de confrontarlo con su realidad. La aparente indiferencia, las reacciones instintivas que como latigazo en ocasiones anteriores surcaban la conciencia y lo hacían llenarse de indignación, para abordar la tribuna y entrar “al toma y daca” que se gesta en el seno de nuestros grupos, se va haciendo más frecuente sin que esta táctica de simular nuestro verdadero problema nos siga prestando la eficaz ayuda de 24 horas antes.
Cada día nos vemos más aporreados, manifestándose diversos estados que aún cuando eran conocidos por nosotros en las resacas alcohólicas, nunca fueron ni tan seguidos ni tan agudos; el sueño parece abandonarnos, las noches imsomnes se hacen más frecuentes, en algunas ocasiones acompañadas de estados depresivos, o francamente angustiosos, una verdadera confusión.
Efectivamente ha sido trastocada nuestra fachada, va desapareciendo el autoengaño, y en el movimiento pendular de nuestra recuperación, viajaremos al extremo. Tal parece que hemos perdido nuestra identidad, no somos quienes creíamos, y la zozobra y la incertidumbre nos hacen sentirnos como el agujero de una rosca.
Como en todos los estados de nuestra recuperación, la desesperanza marca el límite de la esperanza, el nacimiento de la fe, hundido en un mar de confusiones, dudas e incertidumbres, en el vértice de la tormenta, añorando la nube rosa y deseando retroceder el reloj para volver a ese estado de deliciosa tranquilidad; intensamente se pregunta uno: ¿por qué se ha perdido? viviendo la frustración de sentir que que va uno para atrás, una completa desesperanza. Los compañeros le mencionan a uno de una manera persistente que nada más hay una salida: La derrota. Para unos, el oasis, el sosiego, la pelea ya terminó… para otros la rebelión brutal de los instintos, la defensa de la enfermedad a las gradas de la locura y de la muerte, tendrán que vivir una derrota en agonía; otros pasarán de largo, la soslayarán, viajarán en la superficie de la recuperación, pero a fin de cuentas, lo fundamental es que nadie beba.
Para los que con ayuda del poder superior logran la derrota, llegar a ceros, de manera lenta pero paulatina, ir despejándose el camino que rumbo a la desintegración total tuvimos que recorrer. Efectivamente, muchos de nuestros compañeros llegan a nuestros grupos del baldío, de los albañales, habiendo perdido trabajo, hogar y roto todo vínculo que los mantenía unidos a la sociedad, años de vivir en ese estado infrahumano, podría creerse que por este sólo hecho la admisión de la derrota ante el alcohol y ante la vida pudiera ser más fácil. La experiencia ha demostrado que no es as, que cualquiera que sea la condición del enfermo alcohólico, defenderá la enfermedad, defenderá un estado de evasión total o parcial que le evita confrontar su verdadera situación. Muchos de estos compañeros transitan por nuestros grupos sin dejar huella, en unos casos por haberse perdido todos los niveles de conciencia que se requieren para el inicio de nuestra recuperación. Aquellos que logran quedarse, llegan a ser buenos Alcohólicos Anónimos.
Al inicio de Alcohólicos Anónimos Bill enseñaba que solamente aquellos que verdaderamente habían tocado un fondo dramático, podían tener oportunidad de tener un cierto grado de sobriedad. Con posterioridad llegaron quienes conservaban relaciones familiares, trabajo y aún posición social y éstos también comenzaron a quedarse, aun cuando tuvieron que tocar un fondo dentro del grupo emocionalmente.
En esta última frase está contenido todo. Tenemos que tocar fondo dentro del grupo de Alcohólios Anónimos, de ahi la rebelión de los instintos, la defensa del autoengaño, y una serie de crisis que acompañan el lento descenso hacia la derrota. Reconfortante esta situación cuando se da uno cuenta que lo único que ha pasado es que le han abollado a uno el ego. Del cero no sigue más que el uno y que de esta posición todo será ganancia, de lo contrario seguirá uno inconforme con su realidad y cualquier problema incidental lo volverá a afectar y significará crisis y crisis, hasta que se quebrante nuestra prepotencia y decidamos ceder los bártulos a Dios.
